CLAVES DE LA EXCELENCIA (IV)

La competencia es sana. Partamos de aquí. La existencia de competidores nos estimula, impidiendo que nos relajemos en nuestro trabajo, haciendo que cuidemos a los clientes, que nos reciclemos con cursos de formación y que mejoremos la calidad de nuestro servicio. Por otro lado está la competencia dañina, la que encuentra su nicho en la ley ómnibus o le da igual esta ley que las demás. Son la competencia alegal, que hunde precios con prácticas de dumping para hacerse un hueco en el mercado. Lo peor no es que lo desvirtúen con sus tarifas [aparte de que esa merma de sus honorarios la compensen cargando a la comunidad sobrecostes en otros servicios que revierten de manera indirecta en beneficio de los aspirantes a administrador], sino que suelen ser gente sin preparación. Esta competencia incompetente no sólo nos hace daño en el plano económico, sino que desprestigia nuestra profesión al carecer de los conocimientos necesarios para un desempeño eficaz de su trabajo. Sus lagunas de formación jurídica y técnica dejan tras de sí comunidades arrasadas que vuelven sus ojos de nuevo al profesional colegiado y a la realidad de que la calidad tiene un precio.

Hasta que nuestros clientes, las comunidades, se den cuenta de esta realidad nosotros tenemos la misión de aumentar la brecha que nos separa de los filibusteros. Siendo los más profesionales, eficientes y competentes iremos arrinconando a los que no lo son hasta que dejen de constituir una amenaza. Para eso las claves para ser excelentes administradores de fincas.

Decimotercera clave: Libera tu creatividad. Todos tenemos más creatividad de la que pensamos. Nuestro cerebro lo integran 100.000.000.000 de células, cada una de las cuales está interconectada mediante una compleja red de neuronas y dendritas con al menos otras 20.000. Las posibles combinaciones y permutas de células es mayor que el de moléculas del universo conocido. Es decir, las posiblidades creativas son casi infinitas. ¿Cómo estimular nuestra creatividad? Fundamentalmente hay tres estímulos: las metas que deseamos de verdad conseguir, los problemas que acucian y la claridad a la hora de enfocar las cuestiones. El cerebro, lo han constatado los neurólogos, es como un músculo. Cuanto más se emplea más se desarrolla, durante toda la vida. No es cierto que se deteriore por la edad, es por la falta de uso.

Decimocuarta: rodéate de la gente adecuada. De nuevo, esto se aplica en lo personal y en lo profesional. Primero, no permitiendo que la gente negativa, envidiosa, egoísta se nos acerque. Segundo, con una red de compañeros y profesionales adecuada, que nos estimule y apoye, personas positivas. Nadie cuestiona la importancia de una buena red de contactos. Hay que tener amigos hasta en el infierno, se suele decir. Las relaciones lo son todo, el ser humano es un animal social (lo dijo Aristóteles, no yo). Asociémonos a individuos optimistas y alegres, que tengan metas y principios, que sean activas. Una buena red social y profesional es básica para lograr el éxito.

Clave decimoquinta: cuida tu salud física. Se logra con lo siguiente: media hora diaria de ejercicio serio. El peso, en función de la masa corporal, mejor menos que más. Y comer bien, mucha fruta y verduras y menos azúcares, grasas saturadas y alcohol. Pero sin obsesionarse con la dieta, que un buen cocido es tan sano para el espíritu como para el cuerpo.

La número dieciséis: toma decisiones, actúa. Cuando somos resueltos y activos nos sentimos mejor. Puede ser que a veces la decisión sea equivocada, pero no nos hará arrepentirnos tanto como el ser pasivo y no decidirnos por algo concreto. Reflexionemos y actuemos con celeridad, sin marear la perdiz. Otra razón es la ley probabilidades, en virtud de la cual cuanto más probemos e intentemos más posible es dar con el éxito.

Decimoséptima: nunca tengas en cuenta la posibilidad de fallar. Como decía Nietzsche, lo que no te destruye te hace más fuerte. O Einstein: las grandes crisis son imprescindibles para hacer avanzar a la humanidad. La indecisión por miedo al fracaso nos bloquea y paraliza nuestros pensamientos. A su vez conlleva la sensación de malestar personal. El que no arriesga no gana; si no probamos nuevos platos nos perderemos algún manjar, si no viajamos no descubriremos lugares y personas que nos conmuevan. Leamos otros libros, escuchemos otra música, emprendamos nuevos proyectos. No pasa nada si no salen bien o no nos gustan, la experiencia nos habrá enriquecido.

Decimoctava clave: constancia y determinación. Decidamos por adelantado no rendirnos hasta lograr nuestro objetivo, aunque nos abrumen los reveses. Las cosas que más valen en la vida son las que más nos ha costado conseguir. No por su coste monetario, sino de esfuerzo. Tendremos crisis, contratiempos, problemas, pero nuestra grandeza se demuestra en la medida en que afrontamos los obstáculos y los superamos. Aceptemos que la vida no es un paseo por la playa. Se parece más a una caminata por la montaña, con tropezones, rocas que nos cierran el paso, resbalones hacia abajo… ¿Y la vista al llegar a la cima?

Tal y como anuncié en mi artículo anterior, voy a recomendaros desayunar sapos. Constituye uno de los aspectos prácticos de todas estas claves. Hoy en día no tenemos tiempo para leer todo lo que hay que leer ni para llevar a cabo todas las gestiones que hay pendientes. Hay que seleccionar. ¿Qué suele bloquearnos cada mañana y nos impide sacar trabajo adelante? ¿Cuál es la tarea más desagradable del día? El sapo con el que tenemos que desayunar es esa misión que nos gustaría relegar, aplazar y, sin embargo, es la más importante del momento. Adquiramos la disciplina de tragarnos ese sapo para desayunar, solucionemos esa tarea en primer lugar, así el resto del día nos resultará sencillo y relajado.

Escrito por