CLAVES DE LA EXCELENCIA (III)

Todas estas claves que estoy compartiendo son válidas para cualquier profesión o actividad. Incluso tienen su incidencia en el aspecto personal en el sentido de que lograrán que nuestra autoestima crezca, obtengamos el respeto e incluso el aprecio de los demás y seamos felices. En la medida en que apliquemos todas, antes y en mayor medida lograremos la excelencia profesional y la satisfacción personal. Depende de cada uno.

Clave número ocho: establece prioridades en tu actividad y concéntrate en un sólo asunto a la vez. Esta es la fórmula para desarrollar un elevado nivel de productividad y eficiencia. Debería ser un hábito en todos los aspectos de la vida, no únicamente en el profesional.
La estrategia consiste en hacer una lista con las tareas a ejecutar y ordenarlas por importancia y urgencia. Aunque parezca sorprendente, debemos acometer primero aquellas que son importantes y no urgentes, luego las urgentes e importantes, después las urgentes no importantes y por último las no urgentes ni importantes. Con este criterio lograremos el éxito y la felicidad.
Aunque parezca fácil, no lo es. Hay que sentarse a escribir –siempre lápiz y papel– la lista de “things to do” y discriminar en importancia. Es una tentación acometer en primer lugar lo más sencillo o que podemos ejecutar en el menor tiempo. O saltar de una a otra continuamente. Nou, nou, nou. Hagamos la lista, marquemos las prioridades y zambullámonos en la que encabece la lista. Además, debemos hacerlo concentrando todas nuestras energías en esa actividad, sin interrupciones, hasta que esté acabada al 100%.
¿Cómo determinamos lo que es más importante en la lista? Haciéndonos las siguientes preguntas:
Primera, ¿qué actividad es la que tiene más valor en mi trabajo? ¿Cuál obtendrá el resultado más importante? Segunda, ¿para qué me pagan? Tercera, de todas ellas ¿cuál es la que yo, personalmente, desempeño mejor? Cuarta, ¿cuál es el mejor uso de mi tiempo en este momento?
Enfoquemos nuestra atención en lograr resultados, no en realizar actividades. Es decir, no en estar ocupado, en estar yendo de aquí para allá, de tener la mesa llena de papeles, de no parar… Busquemos aquellas actividades que logran resultados para nuestros clientes, las comunidades.

Novena clave: desarrolla una reputación de rapidez. El tiempo es la moneda del siglo XXI, todo va deprisa, se conduce deprisa, se quiere información deprisa, se quiere el ocio rápido, comida rápida, internet, sms, smartphones, todo evoluciona a velocidad de vértigo, antes incluso de que la obsolescencia programada de los objetos entre en acción ya estamos adquiriendo lo más nuevo, sobre todo en tecnología. Los clientes ya no son fieles y el precio se tiene en cuenta pero prima la celeridad del servicio.
Pues ofrezcamos esto a nuestros clientes: soluciones inmediatas a sus problemas. Si se ha arreglado la fuga ipso facto no van a preguntar qué fontanero hemos mandado; si ya puede escuchar por el telefonillo no mirará quién era el electricista; si ve la tele –la madre de todas las necesidades– con todos los canales no le importará el antenista que hayamos mandado.
No nos lo van a agradecer explícitamente –yo todavía tengo apuntada una llamada de un vecino dándome las gracias por mi diligencia en la resolución de una humedad– pero sí nos van a reprochar lo contrario. Dejemos todo y realicemos la gestión de forma que queden sorprendidos. Hay un refrán en EE.UU. que dice: “whenever you want to get something done, give it to a busy man”.

Décima: estate preparado para los baches. Como todo en la vida, tendremos ciclos buenos y menos buenos. Lo fundamental es no perder la perspectiva de largo plazo. Permanezcamos tranquilos, serenos y confiemos en que las fluctuaciones son en ambos sentidos y después de la tempestad viene la calma. Si tenemos las metas claras y seguimos trabajando día a día transmitiremos una seguridad que atrae a todo el mundo y nos devolverá los años de bonanza.

Clave undécima, una de las más importantes, si no la más importante: Sé absolutamente honesto contigo mismo y con los demás. El honor –palabra denostada y casi olvidada en la tierra del pelotazo y el ladrillazo– es una de las piedras angulares del éxito.
La primera parte consiste en ser sincero con uno mismo en todos los aspectos. La honestidad personal, interior, tendrá su reflejo inmediato en el exterior y, particularmente, en la calidad del trabajo. Y viceversa, la calidad de nuestro trabajo será un reflejo de nuestra calidad interior. La segunda parte o reverso de la moneda es la sinceridad con los demás. Si no somos íntegros nuestra actitud nos delatará. Para analizar nuestra integridad hagámonos esta pregunta: ¿Qué clase de mundo sería si todos fueran y actuaran como yo?
Un negocio de éxito se basa en la confianza. No tenemos más que pensar en la fiabilidad de determinadas marcas, por las que pagamos un sobreprecio si es necesario, y de cómo seleccionamos la panadería, el abogado, el coche o el colegio de nuestros hijos en función del que consideramos mejor y nos transmite más confianza.

Última clave de esta revista, la duodécima: practica la autodisciplina en todos los aspectos de la vida. Haz lo que tengas que hacer, cuando debas hacerlo, te apetezca o no, y tu éxito está garantizado.
Con la perspectiva del largo plazo, dediquemos nuestros esfuerzos diarios a alcanzar esas metas. Autodisciplina significa autocontrol, responsabilidad, voluntad férrea. Los mediocres se limitan a llevar a cabo lo que les soluciona problemas y tensión a corto plazo. Los que triunfan buscan la obtención de buenos resultados y acometen primero lo que menos les apetece si es necesario. Lo primero que hacen cada mañana es tragarse un sapo.

En el siguiente artículo veremos cómo desayunar sapos.

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