Bancos Morosos
¡Cómo cambian los tiempos! La morosidad ya no sólo la sufren las entidades de crédito. Ahora son ellas las que se retrasan en el pago de sus cuotas. Lo más preocupante es la cantidad: 256 millones de euros. Poca autoridad moral pueden tener los bancos que se quejan de la morosidad de sus clientes cuando no dan ejemplo. No me cabe duda de que son muchos los pisos embargados a promotoras y constructoras (por no hablar de desahucios) que no han podido hacer frente a los préstamos hipotecarios, pero esto no les legitima para omitir su obligación legal como titulares de los distintos elementos inmobiliarios de contribuir al sostenimiento de las cargas que les corresponden.
A menudo esto supone que el resto de propietarios de la comunidad sufre un incremento en sus cuotas para hacer frente al agujero, un agujero que va creciendo, de la deuda del banco. Esto conlleva severos problemas económicos para los propietarios, que en estos tiempos tampoco andan sobrados de ingresos.
Los Administradores de Fincas Colegiados administramos en torno a 35.000 millones de euros, lo que equivale al 3,5% del P.I.B. nacional. Administramos este capital con diligencia y velamos por los intereses de los vecinos. La morosidad de la banca está complicando esta labor pues condiciona el pago de las facturas, además de la contratación y revisión de los presupuestos, así como la posibilidad de acometer obras por la comunidad.
Lo peor de todo: afecta a la convivencia de los vecinos. Aumenta la tensión, las preocupaciones y se enrarece el ambiente en comunidades que, hasta ahora, no había tenido problemas.
Por tanto, los Administradores de Fincas Colegiados reclamamos medidas urgentes que protejan a las comunidades de propietarios y les salve de esta indefensión y no aumente la carga económica que ya tienen que soportar.
Gente tóxica.
Cada vez es más evidente y así lo reconocen los distintos estudios médicos, que hay que evitar a la gente tóxica. Un individuo que siempre ve el lago negativo de todo, que nunca está satisfecho, habla mal de los demás, se queja de su abogado, del vecino de arriba, del portero, del panadero y del conductor del autobús, del gobierno y de las mariposas, es un tipo tóxico. Tiene cientos de argumentos que respaldan su rabia y su tono suele ser agresivo. Este individuo transmite una energía negativa que hay que evitar. Da igual que se trate de un vecino, un amigo o un familiar, incluso un compañero de trabajo. Algunos tienen formas educadas, pero los reconoceremos porque nos dejan mal cuerpo, alterados, después de hablar con ellos. Aunque la toxicidad tiene más formas: el que nos cuenta siempre tristezas, el que nos absorbe la energía con sus preocupaciones, el que continuamente critica con envidia no reconocida lo bien que le va otro y arroja sospechas de malas prácticas. Esa gente hace daño a los demás, provoca un daño psicológico que a menudo se somatiza. Va royendo nuestra serenidad y contagiando su pus espiritual. Por nuestra salud, hay que evitar a estos individuos.
Rodeémonos de gente positiva, alegre y constructiva. Incluso durante los malos tiempos éstos confían en un futuro mejor. Nos transmiten ánimo incluso cuando no nos dicen nada, contagian su energía y vitalidad. Traen un poco de luz en los días grises. Con un espíritu positivo, seremos más felices.
